Por MAX BARBOSA
El Siglo de Oro español pervive en Miami. Eugenia Sancho, quien además de española es miamense por diversos motivos, nos saciará con Hambre, puesta en escena a partir de textos áureos en los que la picaresca abunda. Graduada en Dirección Escénica y Dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia, canta, baila e incorpora a su quehacer artístico los motivos que enriquezcan su visión del arte. De ahí Hambre, de ahí nuestra conversación para el Observatorio Teatral Hispano.
En el 2025 estrenaste Hambre en Micro Theater Miami; ahora, en Westchester Cultural Arts Center. Dicen que en espacios como aquel la comunicación con el público es obvia, para bien o para mal. Si bien es cierto que la picaresca es motivadora de empatías, ¿cómo lograrás lo anterior en un escenario diferente desde el punto de vista del montaje?
Precisamente ese ha sido uno de los retos al llevar Hambre a un teatro. En nuestro anterior emplazamiento la cercanía con el público venía dada por el propio espacio; prácticamente respirábamos juntos. Ahora no quiero perder esa relación, pero tampoco pretendo reproducir, artificialmente, el formato anterior. El espectáculo ha crecido; el espacio, el público y el discurso también.
Por eso hemos construido una plaza de pueblo, un lugar en el que las actrices no están encerradas dentro de una ficción, sino que reciben al público y comparten el espacio con él. Desde que entra el espectador nosotras estamos allí. Hay una relación directa, se rompe constantemente la cuarta pared y la palabra se dice muchas veces al público, no solo entre los personajes. La luz, el sonido y la propia disposición del escenario ayudan a crear ese espacio común. Creo que la picaresca necesita eso: complicidad. El pícaro sobrevive porque observa el mundo, haciéndonos cómplice de lo que ve.
Afiche para la temporada de estreno en 2025.
Cuatro actrices: Betsy Rodríguez, Letty Carmona, Catalina Arenas y tú. ¿Es un propósito de “empoderamiento femenino” en un contexto socio-cultural machista por antonomasia?
Hay una intención muy clara de poner a cuatro mujeres en el centro del escenario y darles la palabra. Pero no planteo Hambre desde una consigna. Me interesa más, que eso ocurra de manera natural dentro del espectáculo.
Estamos trabajando con una literatura escrita por hombres en una sociedad profundamente jerarquizada, patriarcal; pero también están María de Zayas, Santa Teresa, Sor Juana y mujeres que sobreviven, engañan, piensan, desean, trabajan y buscan su lugar. Que hoy seamos cuatro actrices quienes tomamos esos textos masculinos y femeninos, haciéndolos nuestros, tiene una lectura contemporánea. Para mí es mucho más interesante mostrar esas mujeres en acción que explicarle al público cómo debe interpretarlas.
¡Por Lope de Rueda! ¡Actúas y diriges! ¿Cómo es posible deslindar ambas responsabilidades? ¿Al actuar no sientes el impulso de dirigir o viceversa…?
Es difícil deslindarse del todo. Cuando dirijo estoy viendo el conjunto, el ritmo, el espacio, las actrices, la dramaturgia, la luz, el sonido. Cuando actúo tengo que renunciar a todo eso durante un rato y estar dentro de la escena, escuchar, reaccionar…
Pero en este montaje hay algo que me ayuda muchísimo: el tiempo que llevo trabajando con las actrices y la confianza mutua. La dirección no consiste en que yo este corrigiendo desde afuera, sino en construir juntas un lenguaje, las reglas del juego. Una vez establecido lo anterior, entro a escena intentando ser actriz y confiar en el trabajo hecho. ¿Qué a veces surge la directora en mi cabeza mientras actúo? Por supuesto; hay que mandarla a callar un poquito.
Obras de Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Sor Juana Inés de la Cruz, María de Zayas y Sotomayor, entre otros autores, así como anónimos muy de la época, integran el texto dramático. ¿Pudieras adelantarnos de qué manera unificarás tantos sucesos, fábulas, situaciones y acciones?
El elemento unificador está en el título: el Hambre. No solo el hambre física, aunque está presente me refiero al hambre entendida como motor: hambre de sobrevivir, de ascender, de aparentar, de amar, de ser visto, de conseguir aquello que no se tiene.
A partir de ahí, los textos dejan de ser fragmentos independientes y empiezan a dialogar entre sí. Lazarillo, Cervantes, la pícara Justina, La Celestina, la poesía…proceden de lugares distintos, pero todos hablan de seres humanos intentando sobrevivir a sus circunstancias.
La dramaturgia crea el recorrido y las actrices somos el hilo conductor. Entramos y salimos de personajes, narramos, representamos para volver a encontrarnos con el público. No he querido hacer una antología del Siglo de Oro. Quiero construir un espectáculo nuevo con esas voces para contar algo que es reconocible aún.
Loas eran habituales antes de las puestas en escenas a modo de introito, solicitando indulgencias del público. ¿Acudirás a este clasicismo?
Sí, absolutamente. Hambre comienza con una y para mí es importante conservarla porque establece las reglas del juego. Nosotros recuperamos ese mecanismo para hacerlo nuestro: las cuatro actrices nos presentamos, reclamamos la atención del público para abrir la función. Y hay algo que me interesa especialmente: esa loa regresa al final. El espectáculo se cierra con el mismo código del inicio. De alguna manera hacemos un círculo: llegamos, contamos nuestras historias y nos despedimos del público con la relación directa que establecimos desde el principio.
Hambre. Sábado, 3 de octubre del 2026, 8pm.
Domingo, 4 de octubre, 6pm.
Westchester Cultural Arts Center: 7930 SW 40th St, Miami, FL 33155.
Entradas: https://ticketplate.com/artist/hambre


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