Entrevista
CARLOS CELDRÁN: “LO ESENCIAL ES LA MIRADA INTERNA, LA CONSTRUCCIÓN DEL ALMA”
El director teatral cubano, residente en España,
ampliamente reconocido por su obra de creador, pedagogo y pensador minucioso, concentra sus aportaciones en nuestra ciudad por estos días.
O.T.H.
MIAMI. Un suceso teatral se aproxima por sorpresa a la ciudad. Carlos Celdrán estrenará dos espectáculos durante dos semanas sucesivas en esta esquina de los Estados Unidos. Foro comienza hoy, viernes 21 de julio, dentro del 37mo. Festival Internacional de Teatro Hispano. Hierro, una producción de Arca Images, arranca el jueves 27 de julio.
Ambas obras traen la doble firma del cubano en cuanto autor del texto dramático y de su puesta en escena, dos operaciones artísticas que le han propiciado reconocimientos teatrales y literarios. También son modelos del tipo de trabajo que ha estado desarrollando a partir de 10 millones, un título que transitó por Nueva York, Washington DC y Miami, como preámbulo de la labor que luego ha estado desplegando fuera de su país de origen. Téngase en cuenta que Celdrán ha presentado en nuestra ciudad también recientemente otras obras con la misma productora: Abismo, de Abel González Melo, y Tebas Land, de Sergio Blanco.
Interesados
en conocer más sobre la trayectoria y la poética del prestigioso director de
Argos Teatro, una compañía teatral fundada en Cuba que hoy subsiste y crea en La Habana y Madrid mediante dos equipos, le presentamos un cuestionario algo extenso. Y él, teatrista
laborioso que no desconoce el territorio, tuvo a bien satisfacer la curiosidad
del Observatorio Teatral Hispano.
En el
año 1986 te incorporas
al grupo Teatro Buendía y allí
trabajas como asesor dramático, asistente de dirección y director artístico, de
manera que cuando hablamos del comienzo de tu trabajo debemos pensar en ese
tiempo. Háblanos un poco de esos primeros años.
Fueron mis
años formativos junto a la maestra Flora Lauten. Encontrarla y trabajar a su
lado me dio la gran oportunidad de entrar de lleno en su taller de
investigación donde aprendí en directo la artesanía teatral, todas las
estrategias de dirección que después fui personalizando. Hicimos hermosos
espectáculos con los que recorrimos medio mundo, una experiencia que me dio
referentes imprescindibles para seguir adelante.
En 1996 o 1997 creas
tu propio grupo, Argos Teatro. Es fácil de imaginar la satisfacción de tener un
espacio “propio”. Pero, ¿por cuánto te multiplicó el trabajo ser la cabeza de
esa agrupación? ¿Cuáles han sido los vínculos entre tu trabajo como director y
profesor?
Fue algo
natural. Crecer. Independizarme. Crear mi propio laboratorio, sobre todo cuando
entendí que debía tomar decisiones de lenguajes, de poéticas que me interesaban
y que no podía desarrollar dentro del grupo en el que trabajaba. Como
espectador fui encontrando visiones teatrales que podían ser contradictorias
con las del resto, y eso me obligó a buscar un camino personal. Es decir, a
fundar un teatro. Lo cual implicó ser, no solo director, sino profesor, pues tuve
que reinventarme en ese campo para que mis actores pudieran encarnar lo que
buscaba. Fue un largo camino que llega hasta hoy.
¿Cómo fueron las
experiencias de ser seleccionado por el Instituto Internacional del Teatro
(ITI) para escribir el mensaje del Día Mundial del Teatro en 2019, y luego
dirigirte a la comunidad teatral del planeta?
Una gran sorpresa, por
lo inesperado. Era un reconocimiento que no creí merecer. Escribí el mensaje de un tirón, a
pocas horas de recibir la noticia de que era yo el seleccionado para hacerlo.
Estoy orgulloso de esas palabras que logré articular esa noche, en casa, y que
tanto gustaron luego donde quiera que se leyeron. Creo que logré ser sincero en
ellas y eso tuvo un poderoso efecto que me hizo muy feliz. Hablé del secreto de
la velocidad que tiene este oficio, donde, en apariencia, estás inmóvil,
encerrado en un salón de ensayos por décadas mientras el mundo parece moverse
fuera, una velocidad que avanza por dentro del imaginario de tus actores, de tu
público, cuando aceleras el pensamiento
y viajas a la raíz de las cosas.
Eres el actual presidente
del Centro Nacional del ITI en Cuba (Instituto Internacional de Teatro).
¿Sigues desempeñándote en esas funciones?
No. He delegado en otros
miembros del equipo la responsabilidad. Debes estar en el país donde está la
comunidad teatral que representa ese centro que diriges.
En la vida de cada
artista hay un parteaguas, un momento en que la vida toma un rumbo que será el
definitivo, aunque muchas veces no lo identifiquemos. ¿Tienes algún momento que
puedas considerar ese parteaguas?
Fue la fundación de
Argos Teatro. Asumí que debía entregar mi vida y mi tiempo a ese proyecto. A
esa exigencia. Un pacto personal que me obligó a vivir según una lógica descabellada, sobre todo para los que miraban
desde fuera las prioridades que fui estableciendo en mi vida. Nada a partir de
ese suceso fue más importante ni seguro para mí. Atravesé todas las crisis
dentro de ese vientre. Agarrado a ese sueño. A esa sucesión de estrenos, éxitos
y fracasos, viajes y temporadas. Fue mi país y mi destino. Me mantuvo en pie,
me sigue manteniendo en pie.
El diapasón de
obras dirigidas por ti va desde Esquilo hasta Brecht; desde Beckett hasta Abel
González Melo. ¿Cuán difícil es moverse en un espectro tan amplio?
Lo he dicho,
mi vocación siempre ha sido explicarme el presente paradójico que vivo, para
eso me valgo de textos, de tramas, de contenidos disímiles que permitan a los
actores y a mí mismo entender quiénes somos, dar testimonio. No busco otro tipo
de coherencia, ni tengo prejuicios teatrales. El teatro no es un partido
político con un programa, me siento libre de usar todo lo que considere
estimulante.
Has dirigido
un gran número de obras, tanto en Cuba como en otros países. Tus más recientes
trabajos escénicos han visto la luz en Madrid. ¿Tienes alguna idea de cuáles
son las similitudes y diferencias entre los públicos de las diferentes
latitudes?
Siempre
trabajé con un objetivo, buscar arquetipos universales, construir biografías
teatrales complejas que escaparan de lo folklórico, de lo local. Creo que somos
más que los estereotipos con que suelen encasillarnos. Por eso dialogar con
públicos diversos ha sido relativamente normal para mí. Creo que en Madrid el
público entiende lo mismo de mi trabajo que lo que entendía el de La Habana. No
importa que la historia transcurra en Cuba, que el acento que usemos sea
extraño para ellos, lo esencial es la mirada interna, la construcción del alma.
No me siento extranjero en el teatro.
En tu currículum
aparece que eres graduado de Teatrología y Dramaturgia, sin embargo, durante
años te dedicaste más a la dirección y tu dramaturgia nos llega sólo a partir
de Diez Millones. Cabría preguntarse: ¿Cuál de los dos oficios complace
más tu espíritu creativo? ¿Por qué?
Dirigir ha
sido mi oficio, el que me ha dado más satisfacciones, más sentido. Escribir fue
siempre un secreto, algo que hacía con pudor. Después de 10 millones descubrí que el teatro se vuelve más personal, más
excitante cuando nace de tus escritos. Por ello insistí en repetir la
experiencia. Escribir ahora es vital para mí, solo espero el momento de volver
a hacerlo.
Tenemos
entendido que la más reciente obra tuya presentada en Madrid es “Discurso de
Agradecimiento”, relacionada con las consecuencias de la última pandemia. ¿Cómo
viviste tú el confinamiento? ¿Cómo influyó en tu obra este período?
El
confinamiento fue un desastre, un momento que aún no logramos entender, perdimos
el principio de realidad. La soledad, el miedo, la incertidumbre fueron muy
intensos. Desesperantes. Al menos para mí. Escribí el texto en esa atmósfera.
Personajes que intentan encontrarse en las redes, sin espacio común donde
estar. Habitar. Una metáfora de la diáspora, de tanto y tantos exilios.
En el marco
del 37mo. FITH se presentará la puesta en escena madrileña de tu obra Foro, cuya acción creemos que transcurre
entre dos sociedades, una de las cuales es intolerante y cerrada. ¿Puedes
adelantarnos algo sobre lo que veremos?
Preferiría
esperar a su presentación para hablar de ella.
Hablando de Foro,
es una obra que habla de culpa, perdón y amistad. Nos interesaría profundizar
en un aspecto de tu poética en general, ¿cómo es el manejo de las sensaciones, ideas,
pasiones o emociones dentro del montaje escénico? ¿Cuáles son las que
principalmente buscas despertar en los espectadores?
Te decía
arriba que me interesa encontrar biografías que nos devuelvan como de verdad
creo que somos, más allá de las máscaras cotidianas, del maquillaje efímero de
las ideologías, desnudos y contradictorios. Un ejercicio difícil que tensa todo
lo que hago últimamente hacia un punto de no retorno, un abismo de confesiones,
de dudas, de relatos que discrepan de las narrativas oficiales, y también, de
las tradicionales. Creo que hemos sufrido mucho, que hemos callado mucho, y
mentido hasta lo inaudito. No siento que
sea un pesimista, pero mi relación con ese nosotros que podríamos ser es
bastante crítico, y mi teatro lo padece.
Argos sigue
funcionando en La Habana, pero sabemos que donde quiera que tú estés está
Argos. ¿Quieres hablarnos un poco del trabajo de Argos en España?
Es algo que
está en curso, construyéndose. Por lo pronto trato de trabajar, de sobrevivir.
Sabemos lo que significa Martí para los cubanos. En tu obra Hierro, que en una producción de Arca Images estrenas la próxima semana, tienes la osadía de penetrar en la intimidad del Martí hombre. ¿Cómo fue recibida tu obra en Cuba? ¿Cuáles son tus expectativas al presentarla próximamente en Miami?
Me gusta la palabra osadía para definir esta obra. Martí es sagrado para muchos y volverlo un personaje de ficción fue una osadía. Una transgresión. En Cuba la gente adoró encontrar a un Martí diferente, humano, posible. Espero que en Miami ocurra lo mismo.
Para tus puestas posteriores, y en particular para este estreno en Miami, ¿has incorporado nuevos matices o conservarás el espíritu y la letra de la puesta original en la entrañable Sala Argos, en la calle Ayestarán?
Nunca puedes repetir todo del mismo modo, ya que son otros actores, otras personas. Hay nuevos acentos, nuevas reacciones que aporta el elenco. Por otra parte, la puesta repite soluciones generales ya cuajadas en el primer montaje. No obstante, lo que se verá acá es un producto acabado de crear, recién nacido.
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