Habey Hechavarría Prado
El pasado viernes 3 de septiembre se inauguró el cuadragésimo
Festival de Teatro Hispano de Miami en el Westchester Cultural Arts Center. Fue
una ceremonia emotiva a la que asistimos un buen número de espectadores y
organizadores con la conciencia de estar participando en uno de los eventos
teatrales más importantes del sur de Florida. Por su variedad, calidad,
cantidad y sus décadas de permanencia, la principal fiesta teatral de Miami ostenta
un lugar significativo en la trayectoria cultural del Condado Dade, pero que en
2026, además de cumplir sus primeros 40 años, ha confirmado un cambio
generacional en su liderazgo.
Quizá por ello, el ambiente de la ceremonia destacó
por la animación y el compromiso ante el umbral de las cuatro semanas
siguientes, donde se ofrecerán nueve espectáculos en lengua española llegados de
varios países hispanos y de los Estados Unidos. Las puestas en escena Carrusel
(USA), Zombi Manifiesto (Uruguay), Historia de un jabalí (o algo de
Ricardo III) (Chile), A fuego (España), Odd Man Out (USA-Argentina),
Sueño (Argentina), Pundonor (Argentina), Hamlet (Perú) y,
para el Día Internacional del Niño, la obra Las asombrosas aventuras de
Robinson Crusoe (USA), ocuparán las salas del Koubek Center, del Carnival Studio
Theater del Adriannne Arsht Center for Performing Arts, el Key Biscayne Community
Center y el Westchester.
Aunque la ceremonia de apertura lució el estreno
mundial de Carrusel, a cargo de Teatro Avante, la compañía anfitriona (lo
cual merece una valoración específica), el punto culminante de la jornada estuvo
en la propia inauguración. De hecho, el evento ofreció cinco momentos sucesivos:
una animada recepción a los asistentes, las palabras de bienvenida, la entrega
del Premio a una Vida de Dedicación a las Artes Escénicas 2026, el espectáculo y
un coloquio con los espectadores, como suele suceder tras cada primera función.
Pero si hubiera que señalar un clímax, sin dudas sería la entrega simbólica del
Premio a Mario Ernesto Sánchez, fundador del Festival, en las manos de su hija
Verónica Sánchez, quien, después de trabajar tanto tiempo con su padre, se ha
convertido en heredera, no solo de un significativo evento hispano-estadounidense,
sino también de un extenso legado profesional y cultural.
Pero lo más conmovedor al celebrar la contribución
artística del reconocido director, actor y productor de origen cubano, quien
entregó dicho Premio a otras personalidades durante 38 años, fue el encanto de elevar
una hermosa evocación de su persona al nivel de un homenaje póstumo como testimonio
del amor por el teatro. Esto, a la vez, promovió la recepción pública de un
compromiso, una implícita declaración oficial de las organizadoras (Melissa
Melussan, Neher Jacqueline Briceño y Sánchez) de mantener viva una tradición,
que asumieron desde el 39no. Festival. El impacto comunitario y cultural de semejante
renovación, que implica cambios, aportaciones, experiencias, nuevas sensibilidades,
podría verse durante las próximas semanas, y ojalá de manera positiva en los años
venideros.
Las organizadoras del Festival. Desde la izquierda: Melissa Messulam, Verónica Sánchez y Neher Jacqueline Briceño. FOTO TOMADA DE FACEBOOK.
Por otra parte, destacan en la presente edición la
cantidad de títulos estadounidenses, la exploración de fórmulas inmersivas de
teatralidad y las tres obras basadas en la producción dramática de William Shakespeare.
Estas diferencias, en plena celebración de los 250 años de la Unión Americana, son
relevantes dentro de una ciudad que durante más de seis décadas se ha esforzado
por mantener un teatro de arte en castellano, y que solo este año, pese a su
modesta cartelera, ya ha colocado en los escenarios dos tragedias del gran dramaturgo
inglés. En este contexto, la condición internacional de las propuestas, su nivel
artístico y la variedad formal transmiten algo de la riqueza estética y cultural
que emana del teatro hispano internacional, como mayor movimiento teatral del
mundo, si sumamos el total de las obras escenificadas en toda la Hispanidad, un
volumen prácticamente incalculable. De ahí la relevancia de proyectar en la pujante
y multicultural Ciudad del Sol un evento de esta magnitud.
Con seguridad el 40ta. Festival de Miami nos dejará un
muestrario del arte dramático mundial, mínimo desde un punto de vista numérico,
aunque amplio desde la vocación universal de su curaduría que insiste en
propiciar espacios idóneos para los hallazgos y los encuentros.
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