HAVANA FENG SHUI ENCUENTRA A SU AUTOR EN MIAMI
Por
El reciente estreno de
una obra del dramaturgo Luis Santeiro está significando la reaparición de un
referente para ese teatro cubano que sobrevive con bastante buena salud en los
Estados Unidos. La comedia Havana Feng Shui, del célebre guionista de ¿Qué
pasa, USA? y Sesame Street, bajo la dirección escénica de Juan Roca,
ha encontrado, durante tres semanas en la sala Catarsis del Teatro Trail, una
plataforma desde la cual ofrece su propuesta de interés cultural y
comunitario. Años después de La señora de La Habana, obra también
producida por Marisol Correa y esta casa anfitriona del teatro hispano en el
sur de Florida, la dramaturgia de Santeiro recupera a Miami (y viceversa), que
es un espacio natural para teatristas cubanos o cubanoamericanos. Pero que este
escritor habanero, llegado de Cuba a los 12 años y residente en Nueva York, al
final de la función del pasado domingo, de pronto, fuera convocado y subiera al
escenario ante un auditorio repleto y sorprendido, más que una noticia, fue un
instante memorable. A la vez, ante el encuentro del escritor con su texto
representado, cabe preguntarse qué le habrá parecido la función, cuánto la habrá
disfrutado, o cuánto de su visión original considera que
permaneció al atravesar las experiencias del director y los actores.
Las preguntas sobre la
eficacia de la puesta en escena rodean la tensión equilibrada entre el
costumbrismo y el vernáculo que caracteriza a una amplia zona del teatro que se
ha hecho en Miami desde el inicio del Exilio cubano. Esta estética de profundas
raíces populares en la cultura hispana y que desde el siglo XIX alimenta el
teatro de la Isla, en Havana Feng Shui y tantas piezas similares divierte
a su público, en principio, con el argumento y las actuaciones. El primero se
estructura en una sit com cargada de situaciones humorísticas en cadena
que configuran la historia de enredos amorosos de un exiliado de edad avanzada,
que, estando de visita en La Habana, cae bajo las astucias de un joven
prostituto y en inesperados vínculos sentimentales que le llevan a viajar a
Pinar del Río y a conocer la familia del joven, cuyas relaciones traerán grandes
giros a la vida de los personajes en Cuba y en USA. En segundo lugar, las
actuaciones bien ajustadas y niveladas de Gerardo Riverón, Jesús Branas, Eddy
Estrada, Dairin Valdés, Ana Lydia Méndez y Dennis Mencia, modularon caracteres
diferentes y atractivos que, debido a una porosa cuarta pared, transformaron al
espectador en un cómplice seducido y hasta exaltado mediante guiños, alusiones,
simulaciones, provocaciones y sugerencias constantes. La técnica cómica de
interpretación psicológica de Riverón, como el viejo enamorado, y la técnica de
arquetipo vernacular de Méndez, como suegra obstructora y gruñona, ofrecen
modelos opuestos de trabajo actoral con resultados casi inmejorables.
El cuidoso ensamblaje
espectacular de Juan Roca, fundador y maestro de la compañía Havanafama que
tuvo la asistencia de dirección de la actriz Verónica Abruza, mantuvo la
cohesión de los recursos escénicos en función de la narración. El fondo en
proyección del ciclorama para indicar los espacios dramáticos, el uso
pertinente de objetos escenográficos, la utilería imprescindible en la mano de
los actores y el manejo de la misma sala teatral en su condición de café-teatro,
articula un mecanismo eficiente que favorece el “diálogo” intenso del
espectador con los personajes, y de los actores con un público muy espontáneo
en sus reacciones, a veces desbordado e interpelante, algo típico del teatro
popular. Esas maneras, tiempos y ritmos en que el montaje dispone entradas y
salidas de personajes, sus ubicaciones y la del público también remiten al Feng
Shui, ese sistema taoísta de conducir energías en el espacio para lograr aquella
felicidad que todos los personajes parecen lograr al concluir la historia, como
es justo en las comedias.
Es fácil entender la animación
que recorrió las lunetas a lo largo de los dos actos, el intermedio y un final
de aclamaciones. Al respecto, la corriente dominante de la obra es el teatro
gay que mueve formas e ideas del homoerotismo, además de una corriente
humanista que presenta con respeto los conflictos de cada personaje. Otra corriente
significativa se dirige al teatro político irrumpiendo en los temas sociales y los debates
ideológicos que atraviesan las comunidades cubanas dentro y fuera del país. Ambas
corrientes se integran orgánicamente en la cadena de situaciones guiada por la
risa y el entretenimiento, mientras, a menudo, brotan las contradicciones que
palpitan en el fondo de un pueblo desgarrado por el comunismo hace más de 66
años.





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